El Dr. Isaías instala un centro de salud para pigmeos en el Congo

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A continuación reproducimos el texto del reportaje que se encuentra disponible en idealdigital:

EL Congo necesita ayuda, sus habitantes no tienen nada, y cuando digo nada no exagero». Así de claro se manifiesta Isaías, una persona aventurera, con ganas de ayudar a los demás y de hacer este mundo un poco más solidario.

Dentista de profesión y antropólogo de vocación, este granadino de 51 años acaba de venir del Congo, un país que lo ha acogido durante dos meses y en el que, sin duda, ha dejado huella.

Sin la intervención de ninguna oenegé, Isaías ha instalado un servicio dental permanente de tipo humanitario del que se benefician actualmente cuatro poblados pigmeos. Pero su labor ha ido más allá. Este profesional se ha encargado de formar a todo el personal local que desarrollaba las funciones médicas para que, a su vuelta, ellos solos pudieran continuar con el servicio.

Como él mismo indica, «en el Congo no tienen ningún tipo de material médico y mucho menos medicamentos», por eso Isaías ha decidido dejarles allí todo un equipo técnico valorado en 3.000 euros. También ha inventado un microcentrifugador sanguíneo manual que no necesita electricidad, para que pueda utilizarse en zonas rurales. Con este aparato, será posible el diagnóstico de enfermedades como anemias y otras patologías sanguíneas.

Lanzarse a la aventura

Con una mochila repleta de material sanitario y unos pantalones vaqueros, Isaías se lanzó a la aventura. Se fue dispuesto a atender a todos aquellos que padecieran problemas dentales y otras enfermedades tropicales, que son las más comunes en los países subdesarrollados como la República Democrática del Congo.

Isaías relata qué fue lo que le impulsó a viajar a este país sin ayuda de nadie: «Todo comienza años atrás. Yo, además de dentista, soy antropólogo y especialista en medicina tropical. Siempre he tenido mucha curiosidad por conocer los poblados pigmeos. Cuando estudiaba Antropología en Bruselas, en torno a 1996, un profesor me animó a viajar con él al Congo. Me llevé mi equipo portátil de urgencia y al llegar allí me quedé impresionado con la situación de pobreza que había. Después de atender a los congoleños durante un mes, me di cuenta de que al volver a España, todo seguiría igual. Lo que ellos necesitaban era que alguien les enseñara a manejar los instrumentos y ha desarrollar el trabajo. Por eso, años más tarde, tras instalarme y reunir todo el material necesario que allí hacia falta, me lancé a la aventura y decidí marcharme».

Isaías ha visitado Kenia, Uganda y Congo, pero la mayor labor humanitaria la ha desarrollado en este último país, concretamente en el distrito de Beni: «Al llegar al Congo ahora, por segunda vez, visité una oenegé llamada Prepig, que se encarga de la protección y rehabilitación de pigmeos. Esta organización ya la conocía del primer viaje, y quería contarles los planes que llevaba. Allí contacté con la persona que hacía las funciones de médico -aunque no ha estudiado la carrera-, y los dos nos trasladamos a Beni, una ciudad del noreste del país en la que instalamos el centro de salud».

Sin infraestructuras

Una silla de plástico y las manos del ayudante para sujetar la cabeza del paciente, hacían las funciones de sillón de dentista. La consulta era una cabaña hecha de palos de madera.

«Trabajaba de sol a sol todos los días y sin a penas comer nada. Cuando por la mañana salía de mi tienda de campaña, había una larga cola de personas esperándome para ser atendidas. Mucha gente caminaba toda la noche de un poblado a otro para venir a mi consulta».

Durante la consulta, Isaías tenía la ayuda del médico de la zona al que enseñaba cómo proceder en cada caso médico y cómo utilizar los instrumentos sanitarios. «Intenté que mi viaje allí fuera eficaz, porque ir para aliviarles durante uno o dos meses no sirve para nada. Por eso pensé que lo mejor sería regalarles los instrumentos e indicarles cómo tenían que utilizarlos, para que a mi vuelta pudieran continuar con la labor. También les dejé una gran cantidad de medicamentos que un amigo farmacéutico había recogido para mí meses atrás».

Pero Isaías no da por concluída su obra: «El año que viene o el siguiente viajaré de nuevo al Congo, aunque esta vez a otro poblado pigmeo. Ahora, mi objetivo es conseguir un nuevo equipo técnico sanitario para poder llevarme. Estoy decidido a instalar varios centros de salud por todos los poblados año tras año. Quiero ayudarles con lo único que sé hacer».

De este viaje, Isaías cuenta algunas anécdotas como la impresión que causaba en los niños congoleños ver a alguien de raza blanca: «Los chicos venían a tocarme con sus propias manos para ver si me había pintado de blanco, se quedaban muy sorprendidos. También me llamó la atención que los niños no fueran a la escuela-para llegar tenían que caminar varios kilómetros-y que sólo se dedicaran a cuidar de sus hermanos pequeños. Allí todas las familias son muy numerosas.

Este dentista solidario afirma que no le da miedo viajar sólo a un lugar desconocido, lo que le aterra es quedarse en su casa sin hacer nada: «Prefiero gastarme el dinero en esta aventura que para mí es como unas vacaciones con las que además me divierto muchísimo», asegura Isaías.

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